Living in Oneness

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Viernes, 8 de Febrero, 2008
Periódico QueQui QuintanaRoo
Mente Positiva
La Genuina Responsabilidad en la Vida

Somos responsables de nuestras vidas en todas las áreas de nuestra elección, sin embargo, creo que puede que estemos operando la propia responsabilidad en un contexto y somos pasivos en otras. Por ejemplo, podemos ser responsables financieramente pero dependientes emocionalmente. Podemos ser muy activos cuando trabajamos para nosotros mismos pero reactivos y no tan responsables cuando trabajamos para alguien más. Podemos tomar la responsabilidad de nuestra salud física pero no nos hacemos responsables de los efectos de nuestro comportamiento irracional con nuestros hijos o esposos.

Sugiero que seamos auto responsable en 10 categorías:

Soy responsable por el nivel de conciencia que llevo a mis actividades. Cuando trabajo en un proyecto, asisto a una conferencia, juego con mi hijo, hablo con mi esposo, delibero si tomar o no otro trago, o manejando mi automóvil, soy responsable por el nivel de conciencia que traigo a la ocasión.

Soy responsable de mis elecciones, decisiones y acciones. Soy la causa de mis elecciones, decisiones, y acciones. Soy Yo quién elige, decide y actúa. Si lo hago sabiendo mi responsabilidad, estaré más propenso a proceder sabia y apropiadamente que si no me hago responsable de mi rol como fuente. Si acepto la responsabilidad, estoy más lejos de elegir, decidir y actuar de maneras que más tarde puedan convertirse en motivo de vergüenza, apuro, o lamento.

Soy responsable del cumplimiento de mis deseos. Una de las causas de nuestra frustración e infelicidad es nuestra fantasía de un rescatador quien algún día se materializará para resolver nuestros problemas y cumplir nuestros deseos. Es por eso que yo enfatizo en que nadie vendrá. Nadie vendrá a salvarme, nadie vendrá a corregir mi vida, nadie vendrá a resolver mis problemas. Si no hago algo, nada mejorará. La gran ventaja de aceptar esto completamente es que el poder regresa a nuestras manos. Dejamos de esperar y estamos listos para actuar. Desde el momento que imagino que alguien más puede salvarme, me quito el poder a mismo. En mi evasión de la propia responsabilidad, me condeno a mi mismo a la pasividad y la impotencia.

Soy responsable por mis creencias y valores. Soy responsable de mis esfuerzos individuales para hacer conscientes mis creencias y valores de manera tal que puedan ser críticamente examinados. La mayoría del tiempo estamos simplemente reflejando aquello que los otros piensan o valoran. O nuestras ideas parecen nacer más allá de nuestros sentimientos e instinto. O estamos cómodos sólo con las personas cuyos sentimientos son iguales a los nuestros.

Soy responsable de cómo priorizo mi tiempo. Nuestras elecciones y decisiones determinan si la disposición de nuestro tiempo y energía refleja los valores que profesamos o es incongruente con ellos. Si entendemos que el modo en que priorizamos el tiempo es nuestra elección y responsabilidad, estaremos más dispuestos a tratar y corregir las contradicciones que si nos decimos a nosotros mismos que de alguna manera somos víctimas de las circunstancias.

Soy responsable de la elección de mis compañeros. Naturalmente muchos de nosotros nos encontramos tentado de evadir esta responsabilidad. La ventaja es que entonces no tendríamos que ponernos en acción, podemos sufrir, sentirnos apenados por nosotros mismos y así culpar a los demás. Y podemos tener un guión subconsciente de vida que nos dice que el dolor es nuestro destino. La desventaja es que entonces nos quedamos estancados en nuestra infelicidad, vencidos y sin poder, todo nuestro poder se lo concedemos a los otros. El poder está ahí todavía. El precio es reconocerlo y ser dueños de nuestras elecciones.


Soy responsable de cómo me relaciono con la gente. Cualquier cosa que elija decir o hacer, soy el autor de mi comportamiento. Soy responsable de cómo hablo y cómo escucho. Soy responsable de la racionalidad o irracionalidad de mis relaciones con los otros. Soy responsable por el respeto o la falta del mismo que yo traigo a mis encuentros, por la confianza o desconfianza, por la gentileza o la falta de ella, por la generosidad o la avaricia. Si elijo dirigirme a la inteligencia de los demás o pondero sus vicios, es mi elección. Si mantengo mis promesas o las quiebro, es mi decisión.

Soy responsable de lo que hago con mis sentimientos y emociones. Si aceptamos la responsabilidad por las acciones que tomamos en base a nuestros sentimientos, seremos menos impulsivos y más reflexivos acerca de nuestro comportamiento. Pero operamos con la premisa de que cualquier impulso que nos empuja debe ser seguido, si creemos que los sentimientos son para obedecer sin juicio, entonces nos convertiremos en imprudentes conductores de nuestra existencia.

Soy responsable de mi felicidad. Si creo que mi felicidad radica primeramente en mis propias manos, me doy a mi mismo enorme poder. No estoy esperando eventos o que otras personas me hagan feliz. No estoy atrapado por la culpa, coartadas, o auto compasión. Soy libre de mirar a las opciones disponibles en cada situación y responder de la manera más sabia que puedo. Si algo anda mal, mi respuesta no será “alguien tiene que hacer algo”, sino “¿Qué puedo hacer yo?” “¿Qué posibilidades existen? “¿Qué necesita ser hecho?”

Soy responsable por mi vida y bienestar. En tomar la responsabilidad por nuestra propia existencia, implícitamente reconocemos que los otros seres humanos no son nuestros sirvientes. No existen como medios para nuestros fines, así como nosotros no somos medios para los fines ajenos. No estamos autorizados para demandar que los otros trabajen o vivan para nuestra voluntad, así como nosotros no tenemos que trabajar y vivir para los demás. Moral y racionalmente estamos obligados a respetar el derecho ajeno a tener sus propios intereses.

La gente puede ayudar a los otros voluntariamente. Pero nadie ha nacido con “derecho” a la mente, el trabajo y la energía de los otros. La gente responsable no imagina que nació para sostener una hipoteca sobre la energía y activos de las otras personas, aunque muchos de los políticos e intelectuales dicen lo contrario. Hoy la actitud de los facultados ha alcanzado proporciones epidémicas.

La idea de vivir la propia responsabilidad tiene muchas implicancias, desde llevar el propio peso en el matrimonio hasta el reconocimiento de la autoría de nuestras propias acciones.


LA BELLEZA DE ESTE PROCESO
La Diksha de la Unidad es una transferencia de energía divina que nos ayuda a salir del conflicto y del sufrimiento, llevándonos a estados de paz interior, gozo, alegría y Unidad.
La energía del Diksha es universal y para todas las tradiciones espirituales. Aumenta tu habilidad para conectarte desde tu corazón con el Divino y con las personas que amamos. Muchos han reportado que después de recibir Diksha experimentan sanación en todos los niveles, así como un poderoso y continuo despertar espiritual. Las personas buscan armonía y felicidad. Hemos descubierto que sí es posible vivir en un estado de libertad interna permanente.
La Diksha de la Unidad: inicia el proceso de despertar La Presencia Divina en ti, conduciéndote hacia la Unidad. Ver la realidad de lo que eres en cada momento, sanar tu cuerpo, tus relaciones, reconocer la divinidad en la experiencia del presente…

El despertar de la Conciencia es la capacidad de percibir la realidad tal como es sin las interferencias e interpretaciones de la mente. Es un simple proceso neurológico que puede ocurrir en un solo instante.

El despertar de la Conciencia consiste en dejar de interpretar lo que ocurre. Para una persona con la Conciencia despierta la vida se convierte en algo muy ordinario. Andas, y estás andando; comes, y estás comiendo. El despertar de la Conciencia no consiste en tener experiencias extraordinarias, sino en reconocer lo extraordinario de cada momento.
Antes, la mente hacía miles de interpretaciones sobre cualquier suceso, pero ahora sólo queda la experiencia misma.

En éste estado Divino puedes experimentar conscientemente con tu ser Divino y en Unidad a Dios. Puede ser una experiencia grande como una explosión de amor o alegría, mucho más profunda que un placer mundano. Cuando llegas a este estado de Ser, ésta conexión con Dios, el Divino, el Absoluto, has alcanzado lo máximo que la tierra puede ofrecer.
Tú, tu libertad y tu liberación del sufrimiento es lo más importante para mí.


EXPERIENCIAS
Éstas son algunas de las experiencias del Ejército que han recibido la energía “Bendición de la Unidad” (Diksha):

  • SGTO.2/o. INF. PAULINO PEREZ MALDONADO. Al momento de entrar para escuchar la sesión con la señorita Alexis me siento cansado, estresado pero al comenzar la sesión de relación empecé a sentir una relajación, tranquilidad deslumbrando una luz verde y azul como si me encontrara en otra dimensión un silencio total y al término de la sesión termine un poco cansado.

  • Alexis te confieso que yo vi una luz verde con destellos blancos por lo que tu explicaste sé que eso es bueno ya que en verdad antes de entrar a esta sala me sentía muy estresado sentía que todo el mundo estaba en mi contra pero a partir de que salí no sé porque no sabría cómo explicarlo pero mi forma de ver la vida en el sentido de la tranquilidad que ya tengo es distinta. Gracias y cuídate mucho.

  • No sabría explicar lo que sentí ya que no conozco mucho cerca del tema pero lo que sentí en ese momento fue muy agradable te agradezco porque ahora siento una paz interior que en verdad me hacía falta gracias y te lo digo con toda la sinceridad cuídate mucho.